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Saetas a Nuestra Señora de la Soledad de Antonio Serrano Ballesteros
29.05.18 - Escrito por: Antonio Suárez Cabello
La pasada cuaresma nos dejó un librito que recopila veintidós saetas en honor de Nuestra Señora de la Soledad, cuya autoría corresponde al poeta Antonio Serrano Ballesteros. La publicación ha sido realizada por La Opinión de Cabra y, aunque han pasado algunas fechas de su edición, obligado es hacer esta pequeña reseña de tan entrañable composición, en la que queda de manifiesto la personalidad del escritor.
En la introducción, Salvador Guzmán Moral traza una breve descripción de la venerada imagen que preside el retablo de la iglesia de los Remedios, documentando su presencia en Cabra. Atribuida con mucho fundamento a PEDRO DE MENA, su rostro, según Guzmán, busca conmover profundamente a quien la contempla. No falta en su argumentación una cita de D. Juan Valera recogida de la novela Juanita la Larga: "Aquel rostro parece divino, combinándose en él la expresión del dolor más profundo y la humilde conformidad con la voluntad del Altísimo".
En el prefacio, Antonio Serrano confiesa que su fervor cristiano le ha permitido ir creando durante años el glosario de saetas que da a conocer, poniéndolo, por su devoción, a los pies de Nuestra Señora de la Soledad, y también lo ofrece a su digna cofradía. Revela que ha intentado plasmar en los versos los íntimos deseos afectivos del pueblo, "los arranques de fe más inexplicables o los evidentes misterios de la Redención que nos salva, todo vertebrado con un Salve María, Madre de la Soledad". El poeta no ha pretendido resaltar los rasgos artísticos de la Virgen, sino la "singularidad maternal que desprende en su aflicción serena y reposada".
Del conjunto de los poemas mostramos a continuación algunos de ellos:
Del cielo me han avisado,
Madre bendita y querida,
que la pena de tu cara
es la pena más dolida
que nunca madre pasara.
A Dios le pido, por gracia,
poder tu pena aliviar
con mi vida y mi esperanza,
Madre de la Soledad.
Sobre tus hombros, María,
Madre de la Soledad,
costalero, Norte y guía
va derramando piedad
al consumir su agonía.
Que la justicia se engaña,
que han destrozado la luz,
y el Hijo de sus entrañas
muerto ha quedado en la cruz.
Deslumbra la claridad
con la luz de la mañana,
y deslumbran mucho más,
por Ti, las calles de Cabra,
Madre de la Soledad.
Que no hay persona en el mundo
que al verte transida en llanto,
no haga tu aflicción su pena
y llore triste a tu paso.
Hoy la mañana se ha vuelto
triste, parda y nebulosa,
pues, en tus ojos divinos
se refleja la congoja,
y no hay voz que no solloce
ni te quiera confortar,
cuando ven tu desconsuelo,
Madre de la Soledad.
Sábado por la mañana
entre vahos de azahar
la brisa deja en tu cara
la pena más resignada,
Madre de la Soledad.
Los coros angelicales
bordan dulce claridad
para que alivie a raudales
tus congojas maternales,
Virgen de la Soledad.
Estas saetas de Antonio Serrano, y haciendo mías las palabras de García Lorca, "dejan rastros de lirio / caliente".
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