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Manuel Guerrero Cabrera

Vida de Carlos Gardel contada por José Razzano y escrita por F. García Jiménez

10.01.19 - Escrito por: Manuel Guerrero Cabrera

Primera edición:
-GARCÍA JIMÉNEZ, Francisco (1946): Vida de Carlos Gardel contada por José Razzano. Buenos Aires, Corregidor.


Razzano, bien predispuesto, abarcó de un vistazo la atrayente simpatía que irradiaba «El Morocho». El señor Gigena los presentó:
-Carlos Gardel.
-José Razzano.
Se estrecharon las manos con calor; sin recelos.
-Me han dicho que usted canta bien -dijo «El Morocho».
-Me defiendo... -respondió modestamente «El Oriental»-. Pero las mentas suyas son grandes.
Gardel, sin contestar, inclinó la cabeza como agradeciendo lo que entendía un elogio.
-Celebro mucho cantar con usted -agregó Razzano.
-Y yo igualmente, amigo -contestó Gardel.

Así nos cuenta José Razzano, y nos escribe Francisco García Jiménez, cómo el primero conoció a Carlos Gardel, con quien formaría uno de los grandes dúos de la canción criolla poco después de este encuentro. Y es que en este libro, salvo en las ocasiones en que explícitamente se dice, no sabríamos decir qué es lo que narra Razzano y qué es lo que relata García Jiménez. Este último nos apunta en el prólogo que fue él «quien llevó al papel lo que le narró el protagonista sobreviviente, lo que le informaron otras personas autorizadas y lo que conoce por intervención propia en ciertos acontecimientos» y que «se transcriben reiteradamente conceptos, al respecto de calificados escritores, periodistas, críticos, empresarios, gentes de predicamento», sin olvidar «documentación [...] de la prensa». Por lo tanto, esta Vida de Carlos Gardel no solamente está contada por José Razzano, lo que no resta valor, sino que explica que haya capítulos que no pueden tener a este como fuente. Esto también dilucida el complejo sistema narrativo: García Jiménez, el autor, el que firma la obra y, en verdad, el narrador principal; Razzano, presentado como conarrador (o testigo en varias ocasiones, según lo ya expuesto), uno más que cuenta el relato; y el resto de personajes (prensa incluida) que hará su aportación subordinado a los dos anteriores [1].

La obra se divide en tres partes («El Oriental y El Morocho», «El Dúo Gardel-Razzano» y «Carlos Gardel») que tienen a Razzano como hilo conductor y a Gardel como protagonista. Lo cierto es que en la primera parte llama la atención que primero se presente el nacimiento, infancia y comienzos de la carrera artística de Razzano; el relato se detiene justo después de que el Oriental conociera a Gardel, para insertar el origen [2], infancia y adolescencia de este. Posteriormente, conocemos cómo se forma el dúo y de sus giras por América y Europa hasta que, de nuevo, la historia se detiene en 1917, justo antes de que Gardel cantara Mi noche triste, a fin de insertar una «Breve historia del tango», sin duda, de la cosecha de García Jiménez. Finalmente, se sigue contando la carrera del dúo hasta el abandono de Razzano por problemas de garganta y, por último, la meteórica trayectoria de Gardel en solitario.

Hay apreciaciones muy valiosas en este volumen, que atribuimos a Razzano, como los rasgos de la personalidad de Gardel, como cuando dice que era el más pesimista del dúo (con el temor de que les fallara la voz), o la tristeza repentina que podía embargarle «en el fondo del muchachón riente y dicharachero»; también el interés por mejorar su interpretación, como cuando por este motivo despertaba al Oriental de noche, o las dudas acerca de llevar Mi noche triste ante el público. Una de las personas fundamentales de la vida del Zorzal, su madre, Berta Gardes, no aparece demasiado, quizá, porque, como indica Razzano, «para Gardel, el problema materno ya estaba casi resuelto por abandono»; en otras palabras, el Oriental no apreciaba que ella interfiriera en las decisiones del Morocho mientras estuvo en el dúo. Sin duda, lo que mejor muestra este libro es el buen grado de amistad (también hay muestras de roces entre ambos) y las aficiones que compartían los dos: la pasión por el turf, las bromas (lo conectados que estaban a la hora de elaborarlas y seguirlas) y, en especial, la música.

No se duda del valor, fuerza y personalidad vocal del Morocho en el libro, pero se muestra que dos de los tantos momentos clave de su carrera se deben a Razzano: el primero es en 1913 cuando a este don Pancho Taurel le ofrece cantar ante un público de «gente muy bien» [3] y Razzano, tras este ofrecimiento, va en busca de Gardel para que cante con él; de esta oportunidad surgirá como dúo su primer contrato en el Armenonville [4]. El segundo es en 1925, cuando Razzano se queda sin voz y no duda en animar a Carlitos a que vaya solo a Europa, donde triunfaría de manera más que notable [5].
García Jiménez, o Razzano, según se mire, pasa bastante por encima de los últimos años del Zorzal, ya que el Oriental ya no estaba presente en su vida porque su relación se había roto [6]. No obstante, sabemos cómo este descubre el fallecimiento de su excompañero:

José Razzano lo supo subiendo la escalinata del tranvía subterráneo, en la estación Callao, viniendo de su casa de Flores.
Alzó los ojos al cielo oscuro y por su mente giró la visión veloz de las horas vividas: bohemia y riqueza; miseria y risa; lucha y esplendor...
Con paso vacilante, echó a andar sin rumbo por las calles.
Iba llorando desconsolado a su glorioso compañero. Llorando su propia y desconsolada soledad.

Tras esta despedida de Razzano, hay un último capítulo sobre los amores de Gardel, en el que no falta la nota acerca del suicidio de su admiradora Estrellita del Rigel (que, aunque no se menciona en el libro, participaría en Tango Bar) y el extraño aviso de una joven en Colombia para que no tomara el avión, apuntes claramente ajenos a lo que cuenta Razzano y que no aportan sino dramatismo sobre la repentina muerte de Gardel.

Finalmente, no podemos obviar las fotografías y la reproducción de los contratos, también fotográfica, que se publican; en especial, merece nuestra atención la última imagen que se aporta, la carta que el 27 de septiembre de 1931 Carlos Gardel envió a Razzano, en la que pone de manifiesto su labor como representante y su amistad. García Jiménez aprovecha esta página para justificar «que en este libro, donde se cuenta la vida de Carlos Gardel, esté lo mejor de la vida de su compañero José Razzano»; y es verdad, pues hay que plantearse hasta qué punto es esta obra una oportunidad para desempañar algunos puntos controvertidos de su relación con él. Aunque, a fin de cuentas, no cabe duda: el nombre de Razzano está ligado al de Gardel, como si aquel dúo jamás se hubiera disuelto.

NOTAS:
[1] Salvando las distancias literarias y de tiempo, esta extraña técnica narrativa recuerda a El Quijote, con un Cervantes que firma la obra y asegura narrar lo que cuenta Cide Hamete Benengeli, así como los relatos de otros personajes que se convierten en narradores como el cura con El curioso impertinente o el cautivo con su propio relato.

[2] La fecha de nacimiento que se aporta es la del 11 de diciembre de 1887, sobre la que mucho se ha elucubrado y escrito, especialmente desde quienes defienden que Gardel nació en Tacuarembó. José Razzano fue uno de los testigos que, ante el Registro de la Nacionalidad del Consulado de Uruguay, Gardel llevó para conseguir el documento con el que obtendría posteriormente la cédula policial argentina y, por ende, más adelante, la nacionalidad del país en el que vivió; en este acto, Gardel indicó haber nacido en dicha fecha, haciendo coincidir su año de nacimiento con el de Razzano. Este suceso no figura en esta Vida escrita por García Jiménez, pero se puede encontrar en Julián y Osvaldo Barsky, Gardel. La biografía (Taurus, 2004), pp. 290-291.

[3] En cursiva en el original.

[4] Gardel dirá que «este instante de recibir mi primer dinero como profesional ha sido el más delicioso de mi carrera» en El canto claro, 24 de noviembre de 1933, que recogen Hamlet Peluso y Eduardo Visconti en Carlos Gardel y la prensa mundial (Corregidor, 1998), p. 275.

[5] Publicaciones posteriores creen que pudo haber algunos puntos de exageración en esta Vida contada por Razzano, y, precisamente, suele indicarse lo relativo a sus éxitos en los primeros viajes a España Véase, por ejemplo, por indicar dos títulos muy distintos, lo dicho por J. y O. Barsky en Gardel. La biografía, p. 380 («El hecho de que el cantor aceptara actuar en una ciudad pequeña como Vitoria muestra que todavía no recibía ofertas significativas de plazas más importantes») y por Eduardo Payssé en Carlos Gardel. Páginas abiertas (Ediciones Prometeo, 1990), p. 126 («de ese primer viaje [...], una separación de la gira artística [...], que seguramente no hubiera ocurrido si el éxito hubiera sido real, importante»).

[6] Sobre los motivos de la ruptura, recomendamos lo aportado por Julián y Osvaldo Barsky en Gardel. La biografía, pp. 587?606.

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