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Una emigración egabrense a Hawái a principios del siglo XX (II)

03.11.18 - Escrito por: Antonio Moreno Hurtado

El día 27 de diciembre de 1912, el diario ABC, de Madrid, publicaba unos "consejos" a los emigrantes que marchaban a Hawái. Al parecer, los emitía el Consejo Superior de Emigración.

De manera que, entre 1907 y 1914, casi ocho mil emigrantes andaluces, la mayoría de Málaga y Granada, partieron para el lejano archipiélago de Hawái, atendiendo las promesas norteamericanas. Pero, al llegar allí, las cosas no eran como se les había ofrecido. Tenían que vivir en fincas lejanas a las poblaciones, con lo que la educación de los niños no estaba garantizada, así como la posibilidad de ir a comprar.

Cuando los españoles se quejaron de los altos precios que les ponían los empresarios en sus economatos por la compra de artículos básicos, se les ofreció una pequeña parcela, un acre de tierra, para cultivar los productos de su propio consumo e incluso criar gallinas o cerdos. Pero faltaban otras razones para el arraigo.

En esta coyuntura, algunos españoles no tardaron en marcharse de las islas, poniendo rumbo a California, a ciudades como Sacramento o San Francisco.
Decisión que no es bien vista por la Junta de Emigración Hawaiana (IBH) al haber realizado una importante inversión en infraestructuras con la intención de que estos emigrantes permanecieran en Hawái durante un tiempo prolongado.

Según Adrián Schubert, en 1914 ya habían marchado a Hawái 7.735 andaluces. Allí permanecieron algo más de 1000. Pero el resto se trasladó a California, donde las plantaciones de frutales de los valles de Vaca y Santa Clara ofrecían unas relaciones laborales menos burocratizadas y más personales que las de las plantaciones de Hawái.

Hacia el año 1915, la población española en California era superior a 20.000 personas, incluyendo la procedente de Hawái y la que llegaba directamente de España por otros medios. Se distribuían en unas 125 pequeñas localidades, aunque muchos preferían vivir en los propios ranchos, en grupos de 10 o 12 personas, con la idea que ahorrar dinero.
También en esas localidades era fácil encontrar grandes casas de huéspedes, en las afueras, donde se ofrecía alojamiento y comida baratos para estos trabajadores. Rocklin, es un pueblo de unos 55.000 habitantes en California, que había nacido para alojar a emigrantes irlandeses que llegaron para construir el ferrocarril, a los que en 1870 se unieron chinos y finlandeses. Este fue el destino final de la muchos de los españoles procedentes del Pacífico.

Otras localidades preferidas por los españoles fueron Vacaville, Stockton, Sunnyvale, Mountain View, ...
Algo parecido ocurrió con la población de Fairfield, en el Condado de Solano. Un núcleo de población que obtuvo el reconocimiento oficial en el año 1903 y que tenía solamente 834 habitantes en el año 1910. En el año 2016 ya tenía unos 115.000. Hoy es la capital administrativa y judicial del Condado de Solano. Como todo núcleo nuevo, se población fue mayoritariamente de aluvión. En este caso, de extranjeros que venían buscando trabajo y estabilidad. Hay granjas y huertos de frutales en la proximidad y una incipiente industria.

Muchos españoles encuentran trabajo en fábricas de enlatado de alimentos o en la construcción. Al principio vienen solo los varones y se alojan en grandes casas de huéspedes, que suelen ser patrocinadas por organizaciones religiosas y ofrecen unos precios asequibles. Algunas de ellas estaban en Nelson Avenue y junto a la State Highway. Cuando ahorran un poco, suelen traer a sus familias. Alquilan una casa y si es necesario toman huéspedes para salir adelante.
Hemos localizado familias andaluzas que incluso montaron sus propios negocios, como los Rodríguez, de Fairfield, con su tienda de ultramarinos y panadería, en Texas Street, por el año 1940.

De hecho, hacia 1916, un informe del Cónsul español en Honolulú indicaba que solamente quedaban ya en Hawái unos 3.500 españoles y que 500 se estaban marchando cada año a California.

De modo que la mayoría se trasladó a la nueva tierra de promisión, donde las plantaciones de frutales de los valles de Vaca y Santa Clara ofrecían unas relaciones laborales menos burocratizadas y más personales que en Hawái. El clima y los cultivos canadienses eran similares a los que habían dejado años atrás en su tierra andaluza. Las frías relaciones laborales en Hawái, únicamente a través del capataz, contrastaban con el trato personal entre el empleado y el dueño del rancho, lo que les recordaba la relación patrón-trabajador de los latifundios españoles. A esto se unía el alto grado de estabilidad en el puesto de trabajo, frente a la frecuente movilidad entre plantaciones de azúcar, según la conveniencia de los dueños. También influía la posibilidad de vivir en pueblos y no en las plantaciones .

Los andaluces que llegan a California encuentran una tierra muy parecida a la que habían dejado en España. La voz se corrió rápidamente y la mayoría abandonaron Hawái asentándose en el continente americano. Unos viajeros que habían tenido que ahorrar para poder pagarse el pasaje desde Honolulú. Pero la vida allí tampoco fue fácil. Fueron discriminados por ciertas actitudes racistas, típicas en casi todo movimiento migratorio. Unas circunstancias en las que ni siquiera los bancos aceptaban el dinero de los españoles.

Ellos guardaban sus ahorros donde buenamente podían, en algún lugar de la casa. Debajo del colchón o de un ladrillo. Pero el destino hizo posible que, con la llegada de la Gran Depresión de 1929 y la quiebra de los bancos, con la consiguiente pérdida de los ahorros de sus clientes, permitiera que el dinero escondido por los emigrantes andaluces y españoles salieran de "bajo tierra" y fueran los únicos con capacidad para comprar granjas, tierras y tiendas. Algunos llegan a conseguir importantes fortunas que marcarían el bienestar de varias generaciones de su familia.

Otros intentan volver, pero la Guerra Civil española truncó sus sueños. Por otra parte, para evitar los trámites oficiales, muchos españoles viajaban a Cuba, México o Canadá y desde allí trataban de llegar a la frontera norteamericana para dirigirse a California. Los que optaban por la vía mejicana, solían cruzar la frontera por El Paso (Texas) en su camino hacia el oeste americano.

A partir de 1914, con la construcción del Canal de Panamá, tomó mucha importancia el puerto de Balboa, en la costa del Pacífico. Muchos emigrantes tomaban allí un barco que los llevaba, a lo largo de la costa mejicana, al puerto de San Francisco. Al principio, muchos andaluces se establecieron en la propia zona de San Francisco, para luego dar el salto a otras localidades californianas. Al parecer, muchos de ellos acabaron por convertirse en propietarios de ranchos y haciendas y consiguieron integrarse totalmente en el país.
Como señala el profesor James D. Fernández, de la Universidad de Nueva York, no son "ni frailes ni conquistadores".
Se trata de unos "inmigrantes invisibles" que un día se embarcaron hacia los Estados Unidos con la ilusión de buscar una vida mejor .
Les llama "invisibles" por el poco reconocimiento social y oficial que se ha tenido de ellos hasta hace pocos años.
Hasta el año 1907, España no tenía una normativa clara sobre el tema de la emigración.

Justamente como resultado de las quejas de los interesados y las denuncias de la prensa acerca de lo ocurrido en Málaga y durante el trayecto del SS Heliópolis, el día 21 de diciembre de 1907, el rey Alfonso XIII firmó una Ley de Emigración que iba a marcar la política migratoria en adelante .
La ley surgía como respuesta a la alta tasa de emigrantes que salían de España por aquellos años, lo que temían pudiera influir, todavía más, en la débil economía del país.

La primera expedición

El viernes 8 de marzo de 1907 tenía prevista la salida del puerto de Málaga el vapor SS Heliópolis con la primera remesa de emigrantes.
El barco había llegado desde Cardiff unos días antes y tenía capacidad para poco más de mil pasajeros. Pero se llegan a embarcar casi tres mil en esta ocasión.
El hacinamiento de personas en las bodegas y en la misma cubierta provoca muchas quejas.
Por otra parte, según denuncia la prensa en esos días, el mismo viernes los emigrantes hicieron una pequeña huelga porque, decían, se les había dado café hecho con agua de mar y la comida era tan mala, que muchos viajeros la habían tirado por la borda.
La prensa se hace eco de estas quejas y provoca que las autoridades decidan contratar, de entre los viajeros, a diez mujeres como cocineras y a cuatro hombres como panaderos.
Aunque las cifras que dan los periódicos varían, como suele ser costumbre, se dice que unas quinientas personas decidieron bajar del barco y renunciar al viaje.
"Ahora acaba de darse en Málaga el escándalo de un vapor negrero atracado a aquel puerto para carga de campesinos españoles... El espectáculo ha sido extraordinariamente conmovedor... Los emigrantes lloraban con desconsuelo, despidiéndose de la tierra que les vio nacer... El pueblo que presenciaba aquel espectáculo, agitaba los pañuelos despidiendo a los pobres pasajeros, que abandonan su tierra natal que les niega el pan para la vida"
Definitivamente, el SS Heliópolis sale del puerto de Málaga el domingo día 10, rumbo a las Azores, donde recoge a varios cientos de emigrantes portugueses.
El SS Heliópolis pasó el Estrecho de Magallanes, parando en Punta Arenosa (Chile) el día 4 de abril. Por fin, el día 26 de abril llegó a Honolulú, tras 47 días de viaje.
Al destino llegan solamente 2.231 viajeros. Según datos no oficiales, durante el viaje nacieron catorce niños y murieron tres mujeres y nueve menores.
Se registraron a la llegada siete casos de sarampión y dos de paperas.
A su llegada, las familias españolas fueron repartidas entre las diferentes plantaciones.
La vida en la plantación era demasiado restrictiva y a algunas familias no les gustaba aquella sociedad dividida en compartimentos.
El día a día en Hawái resultaba muy encasillado y rígido para los recién llegados, por lo que se vieron obligados a vivir en comunidades más o menos cerradas.
La integración no era fácil con unos vecinos asiáticos de muy distintos intereses y necesidades.
Por suerte, se conservan en los archivos oficiales norteamericanos algunos documentos originales redactados en el momento de la llegada de los barcos a Honolulú.
Entre otros, están las listas de pasajeros llegados, con datos sacados de la declaración personal hecha por los viajeros al oficial de inmigración.
En el caso del barco Heliópolis, parece que esta persona desconocía la lengua española y transcribía a mano lo que oía directamente.
Teniendo en cuenta la pronunciación andaluza, es lógico que muchos asientos de las 132 hojas resulten de difícil interpretación.
A modo de ejemplo, vemos varias personas que dicen ser naturales de "Bele", cuando se refieren a Vélez Málaga.
Otros aparecen como naturales de "Benoha", localizada como Benaoján, en Málaga.
En otro momento, se lee "De Loha" cuando quieren decir "de Loja" (Granada). "Atarpe" por Atarfe. "Neja" por Nerja.
Lo mismo ocurre con los nombres y apellidos. Como los americanos solamente usan el apellido paterno, es normal que, cuando se encuentran con dos apellidos, toman como tal el segundo y como nombre los dos primeros.
Según parece, en esta primera expedición a Hawái solamente fueron emigrantes cordobeses de Cabra y Lucena.
Es curioso que debieron ir juntos o, al menos, se da la circunstancia de que aparecen registrados casi seguidos entre las listas 94 y 109.
Podemos suponer que egabrenses y lucentinos se desplazaron juntos a Málaga en el ferrocarril que venía de Linares a Puente Genil, cambiando allí por el que, desde Córdoba, se dirigía a Málaga.
La fecha prevista de salida del barco era el viernes 8 de marzo de 1907, por lo que se puede suponer que saldrían el día anterior de sus lugares de origen.
Veamos ahora los datos de los emigrantes egabrenses.
En la hoja número 109 del listado nos encontramos con la familia de Emilio Aranda Blancas.
Según el listado de llegada a Honolulú, Emilio era natural de Cabra, de 37 años de edad. Su esposa, María Dolores, declara tener 30 años. Aparece en la lista como Dolores Ramírez Moreno. Casados en Cabra el día 26 de febrero de 1897 .
El marido aparece como Blanco y ella como Moreno, por las razones explicadas.
Tienen una hija de 10 años a la que registran como Sierra Blanco, aunque su nombre exacto era María de la Sierra Aranda Moreno.
Emilio Aranda vivió en Honolulú, en Kawaiahao Street. Una calle bastante céntrica, cerca del puerto pesquero. Paralela a South King Street.
Algún tiempo después de llegar a Hawái, Emilio y María Dolores deciden divorciarse.
El día 20 de febrero de 1914, ya divorciado, Emilio Aranda se casó con la española Asunción Ogaya, natural de Úbeda, viuda. La pareja emigra a California y se establece en San Francisco.
La hija del primer matrimonio, María de la Sierra Aranda Ramírez casó en Hawái con un barbero catalán llamado Pedro Bernal Oribe.
Otra familia egabrense era la de Francisco Castro Castro, de 32 años, casado con Francisca Flores Rojas, de 31. Aparecen en la lista número 100.
Han viajado con ellos sus cuatro hijos, Antonio, Celestino, Rafael y Adolfa, de 9, 8, 3 y 2 años, respectivamente. Tres varones y una niña.
En la hoja número 98 figura la familia de Ricardo Moreno Prieto, de 40 años, casado con Carmen Cazorla Martín, de 28 años.
Tienen cuatro hijos, Antonio, José María, Manuel y María, de 13, 11, 4 y 1 años, respectivamente.
Pero todavía había una cuarta familia egabrense, que aparece en la hoja número 97 y en la que figuran como naturales de "Casra o Castra". Aparecen al final de dicha hoja y muy cerca de la familia de Ricardo Moreno.
Se trata de Salvador Rey Payar, de 32 años, marido de Rosario Lobato Romero, de 27. Con ellos va su hijo José, de 7 años. Casados en Cabra el día 15 de febrero de 1900 .
El barco llegó a Honolulú el día 26 de abril de 1907.

Segunda expedición

A la vista de las restricciones legales que ponía el Gobierno de España, tras un lapsus de cuatro años, las empresas y autoridades hawaianas decidieron que, en adelante, los barcos hicieran escala en Gibraltar, donde la supervisión era mucho más liviana.
Para ellos, lo importante era que los viajeros tuvieran un aspecto sano, por lo que los demás requisitos pasaban a segundo plano.
Como en estos momentos la situación en el Norte de África se estaba agravando, muchos jóvenes en edad militar decidieron emigrar para evitar ir a luchar a las tierras del Rif .
Incluso se ha detectado que, algunos de ellos, se disfrazaron de mujer y cambiaron su nombre de cara al registro del barco, con lo que llegaron a tierras americanas con documentos falsos, que luego corrigieron.
Tras una primera parada en Lisboa, el buque SS Orteric llega a Gibraltar el día 24 de febrero de 1911, saliendo al día siguiente con destino a Hawái.
Lleva 1.451 pasajeros, 547 hombres, 373 mujeres y 531 niños.
Llegó a Honolulú el 13 de abril.
El viaje fue dramático. Durante el viaje mueren 58 niños .
"Fifty-eight deaths were recorded among the children during the voyage". 58 muertes registradas entre niños durante el viaje.
La prensa hawaiana también recoge datos de las penosas condiciones que los viajeros tuvieron que sufrir .
Entre los emigrantes iban seis familias egabrenses.
José Reyes Ortiz, de 20 años, marido de María Josefa Valle Moreno, de 19. Les acompaña su hija Teresa, de cuatro meses de edad.
Manuel Priego Caballero, de 44 años, marido de María Hidalgo López, de 45, con sus hijos José, María, Aurora y Carmen, de 15, 9, 8 y 5 años.
Manuel Mora Priego, de 30 años, marido de Manuela Moñiz Parias, de 27, con su hijo José, de 2 años.
Rafael Moreno Vera, de 28años, marido de Isabel Santiago, de 22, con su hija María Dolores, de 1 año, que iba a fallecer durante la travesía.
José Moñiz Parias, de 25 años, casado con María Josefa Mora Priego, sin hijos.
Guillermo Luque Cañete, de 34 años, casado con María del Rosario Cruz, de 31. Les acompañan sus hijos Francisco, Mercedes, María, Encarnación y Dolores, de 12, 10, 8, 6 y 3 años.
José Jiménez Montalbán, de 44 años, casado con María Josefa García, de 42, con sus hijas Antonia y Filomena, de 6 y 5 años.


Tercera expedición

El vapor SS Willesden llega a Gibraltar el día 11 de octubre de 1911 y sale al día siguiente.
Una mezcla de desesperación y sueños es patente en las caras de los viajeros.
En la prensa hawaiana de esos días se les llega a llamar "emigrantes acorralados".
"El Capitán Cox declaró que, en Gibraltar, había muchos cientos de personas preparadas para ir a donde un barco les llevase.
Estaban amontonados en un recinto, con muy poca comida y su equipaje estaba disperso alrededor. Estaban absolutamente sin protección a los cuatro vientos, ni siquiera un cobertizo para protegerse de la lluvia. Las gentes que estaban allí estaban listas para ir a cualquier sitio.
Si el Willesden hubiese ido a Río de Janeiro, Brasil, o a cualquier otro sitio hubieran subido a bordo sin demora.
Las gentes fueron agrupadas en familias, se les mandó que subieran al barco y así lo hicieron. En muchos lugares el ganado vacuno estaba mejor guardado que las gentes que esperaban el transporte ."
El barco hace parada en las Islas Azores y llega a Honolulú el día 3 de diciembre. En él se embarcan dos familias egabrenses.
Manuel González Moyano, de 32 años, casado con Francisca Guerrero, de 28. Les acompañan sus hijos María de la Sierra, Aurora, Manuel, Antonio y Francisco, de 7, 5, 4, 2 y 9 meses respectivamente.
También viaja con ellos la madre de Manuel, María de la Sierras Moya Cuevas, de 69 años.
José Barba Expósito, de 35 años, marido de Vicenta Moñiz Parias, de 33. Van sus hijos Rogelio, Soledad, Dolores y Antonio José, de 12, 10, 7 y 3 años.
Vemos que van otros Moñiz Parias, familia de los embarcados unos meses antes en el SS Orteric.
En la Navidad de 1911, mientras los viajeros del SS Willesden estaban en cuarentena en la Quarantine Island, reciben regalos de Navidad para los niños. Se trataba del llamado Malihini Christmas Tree, típico de Hawái.
Los recluidos dan las gracias en el periódico, el día 24 de diciembre, a las Autoridades, instituciones y vecinos .

Cuarta expedición

El SS Harpalion llega a Gibraltar el día 11 de febrero de 1912 y sale al día siguiente.
Lleva 1.450 inmigrantes a bordo, 496 hombres, 328 mujeres y 626 niños.
Llega a Honolulú el día 17 de abril por la noche, aunque se entrada en el puerto fue el 18 de madrugada. Como estaba ordenado, fue llevado a la zona de cuarentena e inspección médica.
El viaje fue también muy accidentado. En el trayecto, dos miembros chinos de la tripulación se amotinaron y tuvieron que ser reducidos por la fuerza.
Durante el viaje se atendieron 110 casos de enfermedad, de los que 17 casos acabaron en fallecimiento. Por el contrario, durante el viaje nacieron nueve niños.
De manera que de los 1484 viajeros que salieron de Gibraltar, llegaron 1476 .
El informe médico a la llegada a Honolulú fue positivo. Entre otras cosas se dice que las condiciones de transporte habían mejorado con respecto a viajes anteriores.
Que había habido en el vapor "suficiente espacio, luz y aire" para los viajeros. Los pasajeros, en general, tienen mejor aspecto que los anteriores, según la prensa local.
Durante el viaje ha habido 49 casos de sarampión, 3 de paperas, 1 de escarlatina y 1 de difteria.
Incluso se elogia el buen parecido de muchos de los hombres y mujeres que han llegado.
La prensa hawaiana incluso comenta las incidencias nocturnas en el puerto, durante la cuarentena, cuando amigos y familiares de los emigrantes les llamaban a voces desde el muelle para charlar con ellos .



En Gibraltar se embarcan las siguientes familias egabrenses.
Alberto Sánchez Ortiz, de 38 años, marido de María Dolores Moreno Vera, de 37. Sin hijos.
Van con ellos los padres de María Dolores, un hermano y tres sobrinos huérfanos.
Se trata de Andrés Moreno Roldán, de 62 años, María de la Sierra Vera Lama, de 61, Emilio Moreno Vera, de 31, Francisco, Concepción y Encarnación Merino Moreno, de 14, 9 y 8 años.
Rafael Muñoz Jiménez, de 31 años, Carmen Pacheco Osuna, de 31. Con sus hijos Juan y Encarnación, de 4 y 3 años.
Rodrigo Jurado Muriel, de 58 años, casado con María Dolores Ascanio Luna de 48. Van con sus hijos María de la Sierra, Manuel, Francisco, José, Rodrigo, Rafael y María Antonia, de 24, 18, 16, 14, 10, 8 y 5 años.
José Granados Jiménez, de 43 años, marido de María del Carmen Chacón Pérez, de 39. Con sus hijos José, Francisco, Carmen, María de la Sierra y Manuel. También va Julián Chacón, de 68 años, suegro de José.
Gregorio González López, de 31 años, casado con María del Carmen León Mendoza, de 32. Con sus hijos María de la Sierra, Diego y Juan de Dios, de 8, 4 y 2 años.
José María Alarcón, de 24 años, casado con María Portilla Ruiz, de 31, con sus hijos Francisco y Concepción, de 8 y 6 años.
(Poco antes de partir, los padres deciden que Francisco no se embarque y permanezca en tierra)
Elías Amo Olmedo, de 43 años, marido de Lucía Arévalo Camacho, de 45, con su hija Dolores, de 10 años. (En el último momento, deciden no embarcar)
Antonio Amo Olmedo, de 58 años, marido de María Saturnina Nieva Ortiz, de 47. Con sus hijos Manuel y Adriano, de 24 y 16 años.

A modo individual viajan
Manuel Rivera García, de 25 años.
José Romero Salazar, de 30 años.
Juan Sánchez Gómez, de 22 años.
Manuel Reyes Calvo, de 24 años.
José María Núñez Deasus, de 25 años.

De María de los Dolores Moreno Vera tenemos algunos otros datos, tomados en el Archivo de la Parroquia de la Asunción y Ángeles .
María de los Dolores Isabel de la Santísima Trinidad Moreno Vera fue bautizada en Cabra el día 5 de junio de 1875 por don Antonio Candela. Era hija de Andrés Moreno, trabajador del campo y de María de la Sierra Vera.
Por vía paterna, era nieta de Francisco Moreno y de María Roldán. Por vía materna, lo era de Francisco Vera y María de la Sierra Lama, difuntos.
Marchó a Hawái casada con Alberto Sánchez Ortiz
Alberto y María Dolores vivieron en Waipahu, en el condado de Honolulú.
Waipahu es una antigua ciudad plantadora de azúcar, al NO. de la capital. Según el censo del 2000, su población era de 33.108 habitantes
Pero María Dolores enviudó pronto, por lo que se volvió a casar en Honolulú, el día 2 de marzo de 1913, con Juan Gutiérrez, también español.
La ceremonia se celebró en la catedral de Honolulú y fueron testigos de la misma Rafael Moreno e Isabel Santiago, hermano y cuñada de la novia.
Así consta en una nota marginal al acta de bautismo, firmada en Cabra por el vicario don Andrés Caravaca Millán.

Quinta expedición

Fue la segunda del SS Willesden, que partió de Gibraltar el día 9 de febrero de 1913. Había salido de Cardiff el 29 de enero de 1913. Atracó en Oporto el 2 de febrero, de donde partió el día 3. Llegó a Honolulú el 30 de marzo de 1913.
En esta expedición no se embarcó ningún egabrense.




Sexta expedición

El SS Ascott salió de Gibraltar el día 5 de abril de 1913 y llegó a Honolulú el día 4 de junio.
La única persona de Cabra que se embarcó fue Manuel Mellado Lopera, de 30 años.

Hoy en día, se pueden ver en los cementerios de las ciudades o pueblos de California o de Hawái las lápidas con los nombres de estos andaluces que un día, en los albores del siglo XX, llegaron a aquellas lejanas tierras.

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