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Monseñor Demetrio Fernández, actual obispo de Córdoba, presentará su renuncia al Papa Francisco el próximo 15 de febrero al cumplir 75 años de edad. Según lo establecido en el Código de Derecho Canónico, al alcanzar dicha edad, los obispos están obligados a presentar su renuncia, siendo aceptada o prorrogada por el Santo Padre.
Tras la presentación de la renuncia, la Nunciatura Apostólica remitirá al Dicasterio para los Obispos una terna de candidatos para su estudio. Dentro de la rumorología de posibles sucesores, se encuentran Monseñor Ramón Valdivia, Obispo Auxiliar de Sevilla y Obispo titular de Egabro; Monseñor César Magán, Obispo Auxiliar de Toledo; y el sacerdote Joaquín Alberto Nieva, Deán-presidente del Cabildo Catedral de Córdoba.
Hace una semana, el sacerdote lucentino Joaquín Alberto Nieva fue cesado como canciller secretario general del Obispado, un movimiento un tanto definitorio que puede significar la mitra. En caso de confirmarse esta noticia, reafirmará el cambio en la dirección ideológica que el Santo Padre está llevando a cabo en las plazas españolas más importantes. Quizá ahora, a pocas semanas de que su pontificado cumpla 12 años, el Sumo Pontífice visite nuestro país por primera vez, aunque su estado de salud no es muy favorable.
El nuevo obispo tomará posesión canónica en un acto litúrgico en la Catedral de Córdoba y todo parece indicar que el relevo será rápido, incluso el nombre del nuevo obispo podría conocerse en los próximos días o semanas.
Nombrado obispo de Córdoba en 2010 por el Papa Benedicto XVI, monseñor Demetrio Fernández ha desarrollado su ministerio durante 15 años, tiempo en el que ha trabajado intensamente en la evangelización, la formación sacerdotal y la cohesión de la comunidad diocesana. En su carta de despedida, el obispo expresa gratitud y satisfacción por su servicio, "termina una etapa de mi vida que ha sido muy fecunda y me ha llenado plenamente".
Monseñor Fernández ha manifestado su intención de seguir vinculado a la comunidad diocesana y continuar colaborando con la Iglesia desde su nueva condición, "he gastado mi vida por Jesucristo, el amor de mi vida. Y si mil vidas tuviera, mil vidas le entregaría".
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