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Lo que pudo haber sido y no fue (I)
18.02.20 - Escrito por: Lourdes Pérez Moral
La profunda transformación urbana obrada en el barrio de la Villa de Cabra a partir de la década de los sesenta del siglo pasado, propiciaría la tramitación de expediente para la declaración de conjunto histórico-artístico.
Era 1973. Un concejal y futuro alcalde preguntó entonces qué sucedería con la concesión de licencias de obra. Bastó para que el secretario finiquitara sobre el particular: obligatorio informe incoado por la Dirección General de Bellas Artes, hoy, comisiones provinciales.
El expediente fue recibido en Madrid con la ampliación al barrio de San Juan más visita a la Comisaría Nacional de Patrimonio al año siguiente en tanto Montoro, Priego y Aguilar de la Frontera ya disfrutaban de la tan codiciada declaración.
Nadie sabe que pasó hasta que, un escrito de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía presentado en la sesión plenaria de 18 de enero de 1985, fijaba continuar la tramitación. No hubo respuesta.
Tres años más tarde, la correspondiente a Obras Públicas y Transportes ofrecía los servicios del equipo comandado por Eladio de León Carrillo y, así fue, aunque el diagnóstico fuera ya desolador: "al socaire del vacío legal permitido por el Plan General de Ordenación Urbana de 1968, se acometen la remodelación (con destrucción y sustitución en muchos casos) del antiguo barrio de la Villa, donde se abre una nueva plaza a la fachada sur de la iglesia con nuevas construcciones pasticheras y la sustitución de gran parte de la calle Mayor con nuevas edificaciones. El relamido pavimentado de las calles (imitando de manera torpe soluciones tradicionales) y el cambio de viario terminaron por completar un cuadro de dudoso gusto, intentando ofrecer una imagen tópica de "pueblo andaluz" falseando la realidad histórica de la antigua villa medieval. Respecto a la Plaza Vieja, el traslado de las Casas Consistoriales en el siglo XIX le asestó un duro golpe como centro urbano. Ello, sin embargo, no explica la demolición de todo el frente oeste de la plaza para sustituirlo por un jardín en terraplén que hace irreconocible la conformación original de la hermosa Plaza Vieja. A fecha de hoy no existe declaración oficial, ni parece que para la actual corporación sea este un tema que revista urgencia. Honestamente, es la voluntad política de proteger un patrimonio cultural heredado de épocas menos inclinadas al beneficio particular que al bien colectivo, la que permitiría la aplicación de determinaciones, que sólo pretenden entregar a las generaciones futuras un patrimonio del que somos depositarios".
El equipo de arquitectos formularía propuesta pero el informe fue archivado. Era 1990. Tal y como apuntara el entonces concejal Manuel Barranco Muñoz: "da lectura Juan Muñoz al epígrafe y se quedó sorprendido, como así nosotros, por cuanto con un escueto "sí, enterados", los portavoces en un minuto o menos resuelven un asunto de vital importancia para Cabra y especialmente para los barrios del Cerro y la Villa respectivamente. ¿Estudiaron su contenido?".
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